El sexo en cada pareja es un mundo y así como hay relaciones que se mantienen en los ejes de la tranquilidad, hay quienes necesitan otro tip ode estimulación. De esta forma, existen los juegos sexuales, para experimentar y sentir el mayor placer.

Pero, ¿cuál es el límite?

El criterio fundamental que debe primar es que “todo está permitido entre personas adultas y con consentimiento mutuo”. Así, aunque exista tal acuerdo entre las partes el límite entre el juego sexual placentero y el riesgo de daño (psicológico o físico) puede ser alto, sobre todo en algunas prácticas que hacen uso de la fuerza física, la violencia psicológica o comprometen funciones vitales como la respiración (hipoxifilia o asfixiofilia).

Así, hay algunos juegos con ribetes de riesgo forman parte de muchos encuentros eróticos tanto hétero como homosexuales y no se consideran un trastorno, siempre y cuando no sea una conducta imperiosa, repetitiva y necesaria para lograr el placer sexual, además de que la persona pueda perder el control de sus impulsos.

Sin embargo, hay ciertas prácticas que pueden ser peligrosas: el pudor y el rechazo social mantienen estas conductas en un plano de marginalidad. Es que hay ciertas prácticas como las parafilias donde existe la falta de consentimiento mutuo, como ocurre en el exhibicionismo o en el froteurismo, que consistente en “tocar” o rozar con los genitales a personas que no comparten).

Lo cierto es que cuando no hay acuerdo entre ambas partes, lo que puede comenzar como un juego termina relacionándose con la violencia tanto en hombres como en mujeres.